A cuestas con la Evolución

He estado pensando cómo inaugurar mi participación en este blog de Fe y Cultura. Dado que estamos en el año de Darwin, celebrando a la vez el 200 aniversario de su nacimiento y el 150 aniversario de su mas famosa e impactante publicación, “El Origen de las Especies”, creo que hablar de evolución es muy adecuado. Voy a intentar aclarar algunos conceptos y exponer mis ideas sobre este importante y desgraciadamente controvertido tema de la Evolución Biológica.
Hay muchas formas de presentar la evolución y voy a escoger una de la mano de una comparación. Para mi, como para tantos otros científicos actuales, la evolución biológica o darwinismo (mejor neodarwinismo) es una teoría científica que se basa en la observación y comprobación de hechos comprobados y que es consecuencia de una “ley” que se conoce como selección natural. De la misma manera que la mecánica clásica o newtoniana es consecuencia de una ley denominada gravitación universal. El hecho de que dos cuerpos se atraigan con una fuerza proporcional a sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de sus distancias es la base que permite construir la mecánica clásica que nos permite entre otras cosas describir con cierta precisión los movimientos de los planetas y otros muchos fenómenos de la física. Hoy sabemos que hay mejores teorías para describir el mundo físico, como es la mecánica clásica y las teorías de la relatividad, que sin duda complementan y extienden esa aproximación inicial de Newton. Dicho esto, aceptamos las limitaciones de la mecánica clásica, pero nadie se tilda de antinewtoniano, seguidor de Newton, mecano-clasicista, einsteniano o mecano-cuanticista. Me pregunto ¿por qué esto no ocurre con la teoría de la evolución?
Por tanto, la teoría de la evolución está basada en esta “ley física”, que afecta a los sistemas biológicos y a algunos no biológicos, que denominamos selección natural. Es un hecho demostrado que cuando sometemos dos sistemas (biológicos o no) a competición por unos recursos limitados, aquél mas eficaz o más “apto” termina superponiéndose al otro. Esta ley opera incluso a nivel molecular. Tenemos innumerables ejemplos que demuestran la evolución molecular de la misma manera que comenzamos a tener comprobación experimental de la evolución de los sistemas biológicos como consecuencia de la selección natural. Esto no es cuestión de creencias, fe o religión, de la misma manera que nadie cuestiona la ley de la gravedad por cuestiones religiosas. Esto es materia de ciencia y de la capacidad que tenemos los humanos para entender y explicar el mundo que nos rodea, incluidos los seres vivos entre los que nos encontramos.

2 Respuestas a A cuestas con la Evolución

  1. Me parece iluminadora la comparación que propone el Prof. Federico Morán. Me pregunto si el neodarwinismo viene a ser un avance algo parecido al de la física cuántica con respecto a la mecánica clásica, o si representa quizá un avance más modesto.
    El problema con la religión pudo surgir, no solo por una lectura fundamentalista de la Biblia, sino también por la vaga sensación de que el ser humano quedaba degradado a raíz de esa nueva “herida del narcisismo humano”. Bertrand Russell apuntaba en esa línea. Si recuerdo bien, Unamuno, como un nuevo Quijote, se opuso a extrapolaciones incorrectas de la teoría darwiniana y salió en defensa de la inderogable dignidad humana en “El sentimiento trágico de la vida”.
    Pablo Largo

  2. Un par de comentarios al comentario de . Pablo Largo. En efecto el neodarwinismo
    no supone un cambio tan radical para el darwinismo como lo es la mecánica cuántica a la clásica. En segundo lugar, afortunadamente el darwinismo no opera a nivel de las sociedades humanas, especialmente en todas las culturas que protegen a los mas débiles. Ello no quiere decir que el ser humano no haya surgido como consecuencia de la evolución. Desde luego coincido en que el problema religioso aparece como consecuencia de una lectura a rajatabla del relato bíblico o por desconocimiento científico en su época. Creo que hoy en día la evolución biológica y la selección natural no deben suponer un enfrentamiento entre fe y ciencia.

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