El muro, el camino y la morada

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¿Qué está pasando para que cueste tanto transmitir la fe y el Evangelio a los más jóvenes? Tantos planes, tantas horas, tantos esfuerzos… ¿qué está pasando?
No somos los únicos que nos lo preguntamos. No corren los mejores tiempos para el compromiso, sea éste religioso, político o social. La “sociedad del bienestar” parece haber anestesiado en gran medida el espíritu de búsqueda y de lucha que caracteriza cualquier movilización hacia los otros o hacia lo Otro. Ni siquiera el movimiento del voluntariado, tan presente en muchos campos sociales, es tan consistente como pudiera parecer a primera vista. ¿Cómo entender y afrontar el desafío?
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Desde San Petersburgo, sobre el derecho a vivir

En Abril de 2008, en San Petersburgo, en la Facultad de Pediatría de la Universidad estatal fueron invitados un sacerdote católico y doctor en filosofía, un sacerdote greco-católico y licenciado en derecho, un sacerdote ortodoxo y doctor en medicina y cirujano en ejercicio, y una laica católica, casada y con dos hijos y licenciada en teología, a hablar a los estudiantes de quinto curso sobre los fundamentos cristianos de la bioética.

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Despojo de los cristianos

 Completamos con este post los apuntes ofrecidos en dos anteriores, titulados “Despojo de los egipcios y de los cristianos” y “¡Ojo con el lenguaje de contrabando!”. Se recuerdan algunos hechos de la cultura de masas y se proponen varias preguntas para un discernimiento. Sigue leyendo

¡Ojo con el lenguaje de contrabando!

Recordamos la frase de Clinton: “Es la economía, estúpido”. ¡Demasiado fuerte para remedarla en el título! En relación con la Iglesia, algunos creen que es en el lenguaje donde se juega su futuro. Sigue leyendo

Despojo de los egipcios y despojo de los cristianos

Estos días, en el Oficio de Lecturas que recitan los monjes y los que han recibido alguna orden sagrada, se lee el libro del Éxodo. En él se cuenta que los israelitas, antes de salir de Egipto, se ganaron el favor de los habitantes del país, y estos les entregaron gran cantidad de bienes. Este punto particular del relato fue objeto de una lectura especial en autores de la antigüedad cristiana.

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A cuestas con la Evolución

He estado pensando cómo inaugurar mi participación en este blog de Fe y Cultura. Dado que estamos en el año de Darwin, celebrando a la vez el 200 aniversario de su nacimiento y el 150 aniversario de su mas famosa e impactante publicación, “El Origen de las Especies”, creo que hablar de evolución es muy adecuado. Voy a intentar aclarar algunos conceptos y exponer mis ideas sobre este importante y desgraciadamente controvertido tema de la Evolución Biológica.
Hay muchas formas de presentar la evolución y voy a escoger una de la mano de una comparación. Para mi, como para tantos otros científicos actuales, la evolución biológica o darwinismo (mejor neodarwinismo) es una teoría científica que se basa en la observación y comprobación de hechos comprobados y que es consecuencia de una “ley” que se conoce como selección natural. De la misma manera que la mecánica clásica o newtoniana es consecuencia de una ley denominada gravitación universal. El hecho de que dos cuerpos se atraigan con una fuerza proporcional a sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de sus distancias es la base que permite construir la mecánica clásica que nos permite entre otras cosas describir con cierta precisión los movimientos de los planetas y otros muchos fenómenos de la física. Hoy sabemos que hay mejores teorías para describir el mundo físico, como es la mecánica clásica y las teorías de la relatividad, que sin duda complementan y extienden esa aproximación inicial de Newton. Dicho esto, aceptamos las limitaciones de la mecánica clásica, pero nadie se tilda de antinewtoniano, seguidor de Newton, mecano-clasicista, einsteniano o mecano-cuanticista. Me pregunto ¿por qué esto no ocurre con la teoría de la evolución?
Por tanto, la teoría de la evolución está basada en esta “ley física”, que afecta a los sistemas biológicos y a algunos no biológicos, que denominamos selección natural. Es un hecho demostrado que cuando sometemos dos sistemas (biológicos o no) a competición por unos recursos limitados, aquél mas eficaz o más “apto” termina superponiéndose al otro. Esta ley opera incluso a nivel molecular. Tenemos innumerables ejemplos que demuestran la evolución molecular de la misma manera que comenzamos a tener comprobación experimental de la evolución de los sistemas biológicos como consecuencia de la selección natural. Esto no es cuestión de creencias, fe o religión, de la misma manera que nadie cuestiona la ley de la gravedad por cuestiones religiosas. Esto es materia de ciencia y de la capacidad que tenemos los humanos para entender y explicar el mundo que nos rodea, incluidos los seres vivos entre los que nos encontramos.

“La cultura y la fe se besan”

“La cultura y la fe se besan”. Es el lema propuesto para las XVIII Jornadas de Pastoral que se vienen celebrando en distintas ciudades este año 2009.

Quien esté familiarizado con los salmos, habrá evocado de inmediato el Salmo 85 (84), que dice en el versículo 11: “La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan”. Las dos se pertenecen, se saben hermanadas, la una es para la otra dimidium animae, la mitad del alma. ¿Cómo no darse mutuo hospedaje? ¿Cómo no reconocer la belleza de la compañera? ¿Cómo no celebrar juntas la armonía íntima? Merece festejarse el carácter diádico que las distingue y las une.

Díada clásica son los dos libros: el de la naturaleza y el de la Escritura. El segundo celebra al primero desde el capítulo inicial del Génesis, pasando por el Salmo 104 (103) y llegando al dicho de Jesús sobre los lirios del campo. Y los caracteres del segundo se trazaron con los materiales del primero: el rollo de pergamino, la pluma del escriba, los pigmentos de la tinta procedían de la naturaleza, cuyas materias trabajaban los artesanos. Si damos un paso más y avanzamos de la naturaleza a la cultura, comprobamos que la Biblia no tiene un léxico sacro para las cosas del mundo, los asuntos humanos, los designios de Dios; habla de lo divino y lo humano, de su santa armonía y de sus desgarros, con palabras que ha ido creando la cultura; incluso se mostrará hospitalaria con máximas forjadas por sabios de Oriente o por filósofos griegos.

Tomás de Aquino no podía suscribir la teoría de las dos verdades, como si algo pudiera ser verdadero en filosofía o ciencia y falso en doctrina cristiana, o a la inversa. ¿En qué cabeza cabe y se puede dar asilo a tal idea? Esa combinación buenista, holgazana o tramposa sería una díada mortal, un beso envenenado. Pero Tomás celebraba la armonía de los dos órdenes: el natural y el teologal, el de la razón que indaga el universo henchido de semillas de verdad y el de la apertura en fe a Dios que nos comunica su verdad más íntima y nos señala nuestro destino a la comunión con él.

El lema de las Jornadas y el salmo 85 me han traído a la memoria un poema compuesto por un cura de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara para unas bodas. Ignacio Yepes creó una bella versión musical, quizá con algún arreglo en la letra. Transcribo la danza de perfectas díadas:

“Somos las dos voces del mismo canto, somos los dos remos del mismo barco. Las dos voces, los dos remos, los dos del mismo Dios. / Somos las dos llamas del mismo fuego, somos las dos alas del mismo sueño. Las dos llamas, las dos alas, las dos del mismo Dios. / Somos  los dos vientos del mismo bosque, somos las dos sombras de la misma noche. Los dos vientos, las dos sombras, los dos del mismo Dios. / Somos las dos orillas del mismo río, los dos acentos del mismo ritmo. Dos orillas, dos acentos, los dos del mismo Dios. / Somos pan y vino de la misma vida, somos cuerpo y sangre de la misma misa. Pan y vino, cuerpo y sangre, los dos del mismo Dios”.

¡Que así sea! ¡Que la fe y la cultura se besen en toda inteligencia y amistad!